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Ochenta años de instrumentos en el mismo emplazamiento: placas fotográficas, sesenta metros cuadrados de detector bajo galena, globos sonda, analizadores de gases y detectores Cherenkov. Esta sección los reúne todos, con su periodo, sus instituciones y su estado — incluidos los que se interrumpieron y el que nunca llegó a construirse.
Lo que la montaña mide hoy. Es el argumento contemporáneo de la candidatura: el uso científico del sitio no se ha interrumpido y hay compromiso internacional para las próximas décadas.
Una de las poquísimas estaciones globales de gran altitud de la red de la Organización Meteorológica Mundial. Mide gases de efecto invernadero, contaminantes, aerosoles y carbono negro en la atmósfera de fondo del planeta.
El prototipo ALPAQUITA observa desde septiembre de 2022 y opera de forma estable desde abril de 2023. Cuando esté completo, ALPACA será el primer instrumento capaz de ver el cielo austral en rayos gamma por encima de 100 TeV.
Cuatro metros cuadrados de centellador sobre la sala Rossi, tercera estación de la red internacional de neutrones solares. Sigue midiendo. Con él Chacaltaya vio neutrones recién salidos del Sol en las fulguraciones del 24 de noviembre de 2000 y del 7 de septiembre de 2005.
Tres detectores Cherenkov de agua en la red latinoamericana de sitios de altura dedicada a estallidos de rayos gamma. Bolivia es país fundador de la colaboración, iniciada en 2005 junto a Argentina y México.
Programas concluidos, algunos después de medio siglo de operación continua. Son el grueso del expediente y la razón por la que el sitio tiene valor patrimonial.
El experimento más largo del sitio. Dio la primera evidencia de que los rayos cósmicos de altísima energía escapan de la galaxia, midió la sección eficaz protón–aire antes que los aceleradores, y abrió la astronomía de rayos gamma.
Cámaras de emulsión nuclear de hasta 50 m², expuestas durante meses. Documentó las bolas de fuego —mirim, açu y guaçu— y encontró el fenómeno Centauro, que dio nombre a un detector del LHC.
Chubascos atmosféricos pequeños. En los años ochenta se convirtió en un instrumento híbrido que fundió las dos técnicas de la montaña: emulsiones nucleares y detector de chubascos. La sigla lleva dentro el nombre de la universidad boliviana.
Variaciones temporales de la radiación cósmica, anisotropías solares y efectos sobre el campo geomagnético. Sus datos, reprocesados por Martinic y Peñarrieta, hicieron de Chacaltaya contribuidor del World Data Center.
Publicó por primera vez los perfiles de la alta atmósfera sobre Bolivia. Los datos diarios se enviaban al Centro de Huracanes de Miami.
Del Physical Research Laboratory de Ahmedabad, con medios facilitados por Pierre Auger desde la UNESCO. Telescopios direccionales Este-Oeste completaron el dispositivo.
Dirigido por Giani Navarra. Observó direcciones de llegada de rayos gamma, en particular de la Supernova 1987A. Veintisiete años de presencia italiana continua.
Con estos equipos se detectó la primera explosión nuclear francesa en el Sahara, el 13 de febrero de 1960 ⚠. En 1962 John Bland midió el retraso de siete días con que la señal llegaba a Bolivia.
Cromatografía de gases y espectrometría de masa. Estableció que la contaminación de fondo boliviana era tres veces menor que la de Amberes: una línea de base de cincuenta años para comparar con la estación GAW.
Programas que se cerraron antes de agotar su recorrido científico. El sitio los publica deliberadamente: documentan qué se pierde cuando la continuidad de un centro de observación se rompe por razones ajenas a la ciencia, y son parte del argumento de por qué la continuidad merece protección.
A cargo de Ramón H. Schulczewski y Fernando Sheriph. Midió perfiles de ozono y vientos de altura durante el eclipse total del 12 de noviembre de 1966. Transferido por indicación de la Fuerza Aérea estadounidense a la Fuerza Aérea Boliviana, duró poco y se cerró para siempre.
Iniciado con el US Bureau of Standards dentro del Año Geofísico Internacional. Se intentó reactivar sin éxito; en agosto de 1975 Bolivia convocó una reunión regional de seis países que derivó en un proyecto del Instituto Panamericano de Geografía e Historia.
Una sola entrada, y merece estar aquí. Un sitio científico se explica también por lo que se propuso y no pudo hacerse.
Una cámara de emulsión de 900 m² cubierta de fibra óptica de centelleo, rodeada por ochenta centelladores sobre 40.000 m². Debía esclarecer las interacciones exóticas de la Colaboración Brasil–Japón y observar fuentes de rayos gamma del centro galáctico. Nunca se construyó, y las fuentes no dicen por qué ⚠. Su ambición reaparece, veintisiete años después, en ALPACA.