La montaña midió la atmósfera antes que el cosmos, y no dejó de hacerlo. Del actinómetro que Ismael Escobar instaló en septiembre de 1942 a la estación de Vigilancia Atmosférica Global de la Organización Meteorológica Mundial que opera hoy a 5.240 metros, hay ochenta años de series tomadas desde el mismo punto. En medio: el ozono, dos mil vuelos de radiosonda, la detección de una bomba francesa en el Sahara, y un glaciar que desapareció en 2009.
Por qué este hito es distinto de los demás
Los ocho hitos anteriores hablan de lo que llega de fuera de la atmósfera: partículas producidas a distancias astronómicas que atraviesan el aire y llegan al detector. Este habla de el aire mismo.
Y hay una asimetría que conviene decir en voz alta: la atmósfera llegó primero. La estación de Chacaltaya se instaló en septiembre de 1942 como estación meteorológica, con medición de radiación solar, diez años antes de que existiera el Laboratorio de Física Cósmica (hito 01). El cosmos vino después.
Eso convierte a Chacaltaya en un sitio de doble lectura: registra a la vez el cosmos y el clima. Para una candidatura ante la UNESCO es una ventaja considerable, porque el segundo argumento es contemporáneo y verificable hoy mismo, con la estación en funcionamiento, mientras que buena parte del primero es histórico.
<El socio original: el Servicio Meteorológico de Bolivia
Durante veintitrés años el Laboratorio compartió la montaña con el organismo que la había estrenado. El Servicio Meteorológico de Bolivia obtuvo datos de superficie en Chacaltaya hasta 1965.
Aguirre registra su salida con una frase que vale la pena conservar tal cual:
«Con su salida, el Laboratorio pierde a su socio original en la aventura científica iniciada en 1943.»
Veintitrés años de datos meteorológicos de superficie a 5.200 metros, entre 1942 y 1965. Localizar esa serie es una de las tareas de archivo más valiosas de todo el proyecto: ver §14.
El ozono
En la década de los sesenta el Laboratorio entró en otras áreas de la física, y la primera fue el ozono atmosférico.
La ocasión fue el Año Internacional del Sol Quieto (1965) —la contrapartida, en el mínimo solar, del Año Geofísico Internacional de 1957 (hito 08)—. Ramón H. Schulczewski, «con la voluntad que lo distinguió siempre», se hizo cargo del experimento junto a Fernando Sheriph, que años después ocuparía un cargo importante en la Universidad Laval de Quebec. Participaron los técnicos Dardo Beramendi, Velasco y Rocha.
Y hubo un momento de observación excepcional. Durante el eclipse total de Sol del 12 de noviembre de 1966, Schulczewski y Sheriph midieron perfiles de ozono y vientos de altura. Con el apoyo de las Fuerzas Armadas y el trabajo de Max Schreier, Ángel García Ontiveros, Gastón Mejía Brown e Israel Saravia, las observaciones y su análisis «tuvieron repercusiones importantes en la comunidad internacional».
Medir el ozono durante un eclipse total, desde 5.200 metros, es una oportunidad que se da una vez.
3.1 · Y cómo se perdió
Aquí el hito tiene una herida, y el sitio debe contarla.
Entre 1969 y 1971, en un periodo difícil por la situación política interna de la Universidad y externa del país, se cerraron varios proyectos. Entre ellos el de la ionosfera y el del ozono. Aguirre explica qué pasó con este último y no disimula lo que opina:
«El proyecto de ozono fue transferido por indicación de la Fuerza Aérea Americana a la Fuerza Aérea Boliviana. Allí duró poco y se cerró para siempre. Esta transferencia fue lamentable, pues se perdió la continuidad en el estudio de un tema de enorme actualidad en el que Bolivia iba adquiriendo gran experiencia. El entendimiento entre fuerzas aéreas pudo más que la racionalidad científica.»
Nota editorial. Recomiendo publicar este pasaje entero y con la cita literal. Bolivia estaba midiendo ozono estratosférico en los años sesenta, más de una década antes de que el agujero de la capa de ozono se convirtiera en un asunto mundial. Que esa serie se interrumpiera por una decisión administrativa entre dos fuerzas aéreas es exactamente el tipo de pérdida que un expediente patrimonial debe documentar: explica por qué la continuidad de un sitio científico tiene valor, y qué cuesta romperla. Un sitio que sólo cuenta sus aciertos convence menos.
Dos mil vuelos de radiosonda
La estación de radiosondeo, instalada primero en Ovejuyo y después en el aeropuerto de El Alto, realizó 2.000 vuelos en un intervalo de siete años. Como resultado, se publicaron por primera vez los perfiles de la alta atmósfera sobre Bolivia.
Fue un proyecto conjunto de tres partes:
| Institución | País / ámbito |
|---|---|
| Oficina de Investigaciones de la Fuerza Aérea de Estados Unidos | Estados Unidos |
| Organización Meteorológica Mundial | Naciones Unidas |
| Universidad Mayor de San Andrés | Bolivia |
Los resultados de los vuelos diarios se enviaban al Centro de Huracanes de Miami y a los participantes en el proyecto. Localmente se distribuían a la Fuerza Aérea Boliviana a través de la red de AASANA.
Y una historia que el sitio debe contar. Algunas sondas cayeron en lugares remotos, «causando pánico entre los campesinos, por la llegada de objetos “encerrando enorme peligro”; en muchos casos, éstos fueron considerados de procedencia extraterrestre».
Merece contarse con cuidado y con respeto —no como anécdota de superioridad—, porque dice algo real sobre lo que significaba hacer ciencia de frontera en el Altiplano: los instrumentos caían literalmente sobre comunidades que no habían sido informadas de nada. Es también, si se quiere mirar así, un antecedente de por qué un proyecto científico contemporáneo debe hablar con las comunidades de su entorno. Y es una vía de investigación abierta: esas historias siguen vivas en la memoria oral de las comunidades del Altiplano.
La bomba en el Sahara
A partir de 1956 el Laboratorio dejó de servir sólo para la radiación cósmica. Entre los equipos que llegaron:
- Un equipo médico del Donner Laboratory de la Universidad de California, y los Drs. Herman Templin y William Talber del US Naval Ordinance Laboratory, instalaron aparatos para medir la componente infrarroja de la radiación solar en altura.
- El US Naval Research Laboratory instaló equipos para medir la radiactividad atmosférica. Y con ellos ocurrió esto:
Se detectó la primera explosión nuclear francesa en el desierto del Sahara.
Francia hizo su primera prueba nuclear —Gerboise Bleue— en Reggane, en el Sahara argelino, el 13 de febrero de 1960 ⚠. Los instrumentos de Chacaltaya, a 5.200 metros en los Andes, la registraron.
Y hubo un resultado propio derivado de eso. En 1962, John Bland —el mismo que transistorizó el viejo monitor de neutrones— midió la radiactividad atmosférica y mostró la existencia de un retraso de siete días en el incremento de la radiactividad en Bolivia después de las explosiones nucleares.
Para el expediente. Este pasaje da algo que ningún otro hito da: una demostración física, fechada y de consecuencias políticas, de que este punto de la Tierra es un buen sitio para vigilar la atmósfera del planeta entero. No es una afirmación de folleto: es el mismo argumento que sostiene, sesenta años después, la estación GAW. La continuidad entre 1960 y hoy no es retórica, es instrumental.
El monitor de neutrones y la línea solar-terrestre
Es la serie instrumental más larga y continua del sitio después de la meteorológica.
- Primero, un monitor de neutrones tipo Simpson para medir las variaciones temporales de la radiación cósmica. Trabajaron con él y con su sucesor los físicos Ricardo Anda, Nicolás Martinic, Magín Zubieta, Bruno Aparicio, Eduardo Maldonado y Oscar Troncoso. Se instalaron también telescopios direccionales Este-Oeste (Bruno Aparicio, Eliseo Guanca, Ricardo Anda).
- En 1962, John Bland transistorizó el viejo monitor.
- En octubre de 1966 se instaló el «Supermonitor de Neutrones» —la «superpila»—, que Aguirre califica de hito del Laboratorio.
Con sus datos se estudiaron las variaciones solares diurnas, las anisotropías causadas por la actividad solar y sus efectos sobre el campo geomagnético, los efectos del campo magnético deformado sobre los rayos cósmicos primarios de energía media, y las características físicas del medio interplanetario.
Y hay una consecuencia internacional concreta, ya registrada en la nota sobre SYS: N. Martinic y N. Peñarrieta desarrollaron programas nuevos de procesamiento que permitieron reanalizar los datos del monitor, y desde entonces Chacaltaya fue contribuidor importante del World Data Center.
Una serie boliviana alimentando el archivo mundial de datos geofísicos. Es un argumento de integración internacional que conviene documentar con precisión: ver §14.
6.1 · Los neutrones del Sol: el telescopio de la Universidad de Nagoya
Desde 1992 el monitor tuvo, en el mismo Laboratorio, un vecino con otra pregunta. El monitor cuenta los neutrones que producen en la atmósfera los rayos cósmicos venidos de la galaxia; el telescopio de neutrones solares busca los que vienen directamente del Sol, producidos en las fulguraciones. Un neutrón no tiene carga: los campos magnéticos del Sol y de la Tierra no lo desvían, así que llega con la dirección y la energía con que salió, pocos minutos después de la luz de la fulguración. Pero es frágil —un neutrón libre se desintegra en un cuarto de hora— y la atmósfera lo absorbe. Cuanto más alto el detector, más neutrones sobreviven. Por eso la red internacional que el Laboratorio de Medio Ambiente Solar-Terrestre (STEL) de la Universidad de Nagoya desplegó en los años noventa —Norikura, Chacaltaya, Mauna Kea, Gornergrat, Aragats, Yangbajing y Sierra Negra— tuvo en Chacaltaya su estación más alta.
El telescopio boliviano —«Bolivia N.º 3» en los planos de Nagoya, después de los dos de Norikura— se montó en la primavera de 1992 (las fotografías de la instalación llevan sellos de abril y mayo de 1992) y toma datos desde septiembre de 1992 y sigue midiendo hoy (confirmación del director, 20 de septiembre de 2026). Es un bloque de cuatro centelladores plásticos de un metro cuadrado y 40 cm de espesor —4 m² en total— rodeado por diecisiete centelladores de anticoincidencia que descartan las partículas cargadas: un neutrón no deja señal en el anillo exterior, pero al chocar con un núcleo del bloque produce un protón que sí centellea. Cuatro umbrales de energía —40, 80, 160 y 240 MeV— y contadores proporcionales para la dirección completan el instrumento. Según el director del Instituto, se instaló sobre la sala del detector de muones del BASJE, la sala Rossi (comunicación del 20 de septiembre de 2026).
Con él, y con el monitor de neutrones de 13 m², el grupo boliviano —Pedro Miranda, Nicolás Martinic, Rolando Ticona y Alfonso Velarde— firmó con Nagoya la detección de neutrones de la fulguración X2.3 del 24 de noviembre de 2000, a 5,5σ, y la de la fulguración X17 del 7 de septiembre de 2005, con una señal de más de veinte minutos. La montaña que en 1947 vio el mesón π vio, medio siglo después, neutrones recién salidos del Sol.
La cooperación se formalizó en 1994: el 10 de marzo un investigador de Nagoya —probablemente Yasushi Muraki ⚠— visitó a Carlos Aguirre, presidente de la Academia Nacional de Ciencias, y el 23 de marzo de 1994 Aguirre escribió al embajador del Japón, Shizuya Kato, una carta que recorre medio siglo de presencia japonesa en la montaña —Yukawa, BASJE, Brasil–Japón, SYS— para respaldar el proyecto. La carta está en el archivo del sitio; la ficha del experimento reúne las fotografías y los planos de Nagoya.
Aerosoles: la primera medida de contaminación de fondo
El 15 de agosto de 1975 se firmó un convenio con la Universidad de Amberes para medir partículas de aerosoles sobre La Paz y Chacaltaya.
El análisis, hecho por cromatografía de gases y espectrometría de masa y comparado con la ciudad de Amberes, mostró una contaminación tres veces menor en Bolivia.
Por qué importa más de lo que parece. Es, hasta donde alcanzan las fuentes, la primera caracterización química de la atmósfera de fondo boliviana, y establece una línea de base de 1975 contra la cual se pueden comparar las medidas que la estación GAW toma hoy en el mismo lugar. Cincuenta años de diferencia sobre el mismo punto. Si esos datos de 1975 son recuperables, el valor científico —y el valor de expediente— es alto: ver §14.
Lo demás de la línea atmosférica
El sitio no debe convertir esto en una lista, pero el expediente sí necesita el inventario completo:
- Ionosfera. Experimentos en Ovejuyo y en Cota Cota, con apoyo del US Bureau of Standards dentro del Año Geofísico Internacional. Colaboró Gastón Mejía. Después el experimento se intentó reactivar «vanamente»; en agosto de 1975 se convocó en Bolivia la Reunión Constitutiva de Coordinación de Estudios Ionosféricos, con Argentina, Chile, Colombia, Brasil y Perú, para definir un proyecto regional que llegó a ser proyecto multinacional del Instituto Panamericano de Geografía e Historia.
- El electrochorro ecuatorial, estudiado desde el Laboratorio dentro de la física de la atmósfera, y más tarde con la red itinerante de magnetómetros Askania cuyos datos procesó la Carnegie Institution (hito 08).
- Astrogeología. El Laboratorio fue institución pionera en el estudio de las nubes de libración, con José Antonio Zelaya e investigadores del Servicio Geológico de Estados Unidos. Tiene sección propia: ver §9.
- Energía solar. Retomada en los setenta con Israel Saravia y Jaime Guerra, apoyados por Alberto Arteaga y Guillermo Suxo; el esfuerzo principal fue el diseño y la construcción de carpas solares y calefacción solar en viviendas. Viene del primer calentador solar plano de Mario Guzmán (hito 08).
- Una estación de rastreo de satélites meteorológicos, instalada «con poco éxito».
- El programa «El Hombre y la Biosfera» (MAB) de la UNESCO. El Instituto fue sede del Comité boliviano, presidido por Carlos Aguirre en una etapa muy activa. Aguirre dice que abrió «el camino a estudios y esfuerzos posteriores mucho más avanzados en el área de la ecología, el medio ambiente y los recursos naturales». Es un segundo programa de la UNESCO alojado en esta casa, además de los seminarios interamericanos del hito 05.
Las nubes de Kordylewski: la montaña mira a la Luna
De todas las líneas de este hito, ésta es la más inesperada, y la que menos se ha contado.
Entre 1962 y 1963 el Servicio Geológico de Estados Unidos intentó fotografiar desde Chacaltaya las «nubes de polvo» de los puntos de libración de la Luna.
9.1 · Qué son esas nubes
Los puntos de libración L4 y L5 son dos posiciones de la órbita lunar, a 60° por delante y 60° por detrás de la Luna, donde la gravedad de la Tierra, la de la Luna y la fuerza centrífuga se equilibran. Un objeto colocado ahí tiende a quedarse. La hipótesis era que el polvo desprendido por el bombardeo de meteoritos sobre la Luna hubiera quedado atrapado en esas dos trampas gravitatorias, formando dos nubes tenues.
El astrónomo polaco Kazimierz Kordylewski dijo haberlas visto a simple vista en octubre de 1956 desde el observatorio de Skalnaté Pleso, y las fotografió el 6 de marzo y el 6 de abril de 1961 desde la cumbre de Kasprowy Wierch. La Unión Astronómica Internacional anunció el descubrimiento por circular el 23 de mayo de 1961. Y a partir de ahí empezó una discusión que iba a durar sesenta años.
9.2 · Qué se hizo en Chacaltaya
Aquí entra el Laboratorio. Las nubes, si existen, son objetos extraordinariamente tenues: hacen falta cielos oscuros, secos y altos. Chacaltaya reunía las tres cosas.
| Equipo | E. C. Morris, J. Ring y H. G. Stephens, del Servicio Geológico de Estados Unidos, junto al investigador boliviano José Antonio Zelaya |
| Cómo se incorporó Zelaya | Ismael Escobar, director del Laboratorio a comienzos de los sesenta, lo invitó como investigador asociado |
| Instrumento | Telescopio Maksutov-Cassegrain de 6 pulgadas |
| Campaña | De junio a noviembre de 1963 ⚠ |
| Material obtenido | 17 placas fotográficas de la región L4 y 28 placas de la región L5 |
| Publicación | Astrogeologic Studies, Annual Progress Report, August 25, 1962 to July 1, 1963, Parte D, U.S. Geological Survey, Open-File Report 64-153, 1964 |
9.3 · Qué resultado dio, y por qué eso es lo interesante
El resultado fue inconcluyente. Así lo registra la literatura sobre las nubes de Kordylewski: el intento del Servicio Geológico de Estados Unidos de fotografiarlas desde Chacaltaya, entre 1962 y 1963, no fue concluyente.
Y ahí está el valor del episodio, que conviene contar entero y sin adornarlo:
- Las nubes fueron negadas repetidamente. Robert Roosen no encontró nada desde el observatorio McDonald entre 1966 y 1967; Wolff, Dunkelman y Haughney tampoco desde vuelos sobre el Pacífico.
- Pero en 2018 un equipo húngaro dirigido por Judit Slíz-Balogh, con Á. Barta y G. Horváth, publicó en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society evidencia polarimétrica de la nube de L5; en 2022 hizo lo propio con L4, y en 2024 volvió a observar L5 desde el altiplano de Khomas, en Namibia.
Sesenta años después, la búsqueda que se hizo desde esta montaña resultó ser una búsqueda de algo que existe.
Por qué esto pertenece al expediente, y cómo debe contarse. Es el mismo patrón del evento Centauro (hito 07), invertido: allí un hallazgo célebre fue después reinterpretado; aquí una observación no concluyente resultó, décadas más tarde, ir tras un objeto real. El sitio no debe decir que Chacaltaya descubrió las nubes de Kordylewski: no lo hizo, y el propio informe lo dice. Debe decir algo más preciso y más interesante: que en 1963 este emplazamiento fue elegido, por el servicio geológico de otro país, como uno de los pocos lugares del mundo desde donde valía la pena intentarlo.
Es, además, el único episodio del expediente en que Chacaltaya no mira hacia arriba sino hacia la Luna: una vocación astronómica del sitio que no aparece en ninguno de los diez hitos y que enlaza con el Planetario, con Patacamaya y con Santa Ana de Tarija (hito 08).
9.4 · José Antonio Zelaya
Merece ficha propia, y aquí van los datos comprobados.
Nació en Chuquisaca el 14 de noviembre de 1926. Se formó en la Escuela Militar de Ingeniería en ingeniería geográfica y alcanzó el grado de general del Ejército. Se tituló como astrónomo por la Escuela de Cartografía del Servicio Geodésico Latinoamericano y el Instituto Panamericano de Geografía e Historia. Ocupa la silla de astronomía de la Academia Nacional de Ciencias de Bolivia, y es uno de sus académicos con más trayectoria. Dirigió más tarde el Observatorio Astronómico de Santa Ana de Tarija (hito 08).
Un militar de carrera que acabó siendo el astrónomo de la Academia Nacional de Ciencias, y que en 1963 estuvo fotografiando los puntos de Lagrange desde 5.200 metros. Es una de las biografías más singulares del expediente.
9.5 · La cúpula
Y hay un objeto asociado que el expediente debería localizar. Aguirre reproduce una fotografía cuyo pie dice, escuetamente: «La cúpula astronómica en la cima del Monte Chacaltaya.» Una nota de la UMSA de 2019 sitúa la construcción de un domo en 1958 ⚠.
Si esa cúpula se conserva —o si quedan sus restos— es un elemento material del bien que hoy no está inventariado, y el único que acredita la vocación astronómica del sitio. Ver §15.
La estación GAW: el argumento contemporáneo
Aquí el hito deja de ser historia.
Desde noviembre de 2011 ⚠ opera en la montaña la estación Chacaltaya (CHC) de Vigilancia Atmosférica Global (GAW) de la Organización Meteorológica Mundial, gestionada por el Laboratorio de Física de la Atmósfera (LFA) de la UMSA junto al Instituto de Investigaciones Físicas.
| Altitud | 5.240 m s. n. m. |
| Coordenadas | 16°21,014′ S · 68°07,886′ O |
| Altura de muestreo | 15 m sobre el suelo |
| Operación | Continua, los siete días de la semana, con vigilantes permanentes |
| Instrumentos | Más de 15 equipos: analizadores de CO, CO₂, CH₄, O₃, SO₂; aetalómetro, nefelómetro, espectrómetros de movilidad, LIDAR, estación meteorológica automática |
| Datos | Publicados validados en la plataforma EBAS |
Qué mide: gases de efecto invernadero (dióxido de carbono y metano), contaminantes gaseosos (ozono, óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre), aerosoles —incluido el carbono negro—, radiación y variables meteorológicas.
Con quién. El consorcio internacional ha incluido, según la fuente y el momento: Francia (Universidad de Grenoble, LGGE, LSCE, LaMP, OVSQ), Alemania (Instituto Leibniz de Investigación Troposférica, TROPOS), Suecia (Universidad de Estocolmo), Suiza (Instituto Paul Scherrer), Italia (ISAC), Finlandia y Estados Unidos (NASA Goddard Space Flight Center). La iniciativa la lidera la Universidad Mayor de San Andrés.
Por qué importa. La estación capta la atmósfera de fondo —el aire del planeta lejos de las fuentes locales de contaminación— y por eso permite detectar contaminación que ha viajado grandes distancias. Es «una de sólo un puñado de estaciones de vigilancia de gran altitud en América del Sur», y una de las poquísimas estaciones globales de gran altitud del mundo.
El argumento, dicho sin adornos. La comunidad científica internacional decidió, en 2011, que este punto exacto de la Tierra era el sitio adecuado para vigilar la atmósfera del planeta. Es la misma decisión que tomaron el MIT y la Universidad de Tokio en 1961, y Lattes y Yukawa en 1962: la excepcionalidad del emplazamiento no es un argumento histórico, es un argumento vigente, y hay una institución de Naciones Unidas sosteniéndolo hoy.
LAGO: el otro proyecto contemporáneo
Conviene fijarlo porque el guion de los diez hitos deja una discrepancia abierta.
LAGO —Latin American Giant Observatory, antes Large Aperture GRB Observatory— es una red de detectores Cherenkov de agua en sitios de altura de América Latina, dedicada a estallidos de rayos gamma y a física solar-terrestre.
La discrepancia se resuelve así: las dos fechas son correctas y se refieren a cosas distintas.
- La colaboración LAGO empezó en 2005, «como colaboración entre grupos de Argentina, Bolivia y México». Bolivia es país fundador.
- Los detectores de Chacaltaya toman datos desde 2008. Son tres detectores Cherenkov: dos de 4 m² y uno de 2 m².
El artículo de la colaboración de 2011 describe además a Chacaltaya como «the highest and older observatory in the world» — el observatorio más alto y más antiguo del mundo.
⚠ Ese mismo artículo da la altitud del sitio LAGO como 5.270 m y otra publicación de la colaboración como 5.280 m, frente a los 5.240 m de la estación GAW y los 5.200 m que se citan habitualmente para el Laboratorio. No son contradicciones: son puntos distintos de la misma montaña. El sitio debe explicarlo así en lugar de armonizar las cifras en silencio. Ver §13.
El glaciar
Y aquí el hito se cierra con lo que la montaña ya no tiene.
El glaciar de Chacaltaya desapareció por completo en 2009, y fue uno de los primeros glaciares tropicales de los Andes Centrales en desaparecer. Con él terminó el esquí: la montaña había sido considerada durante décadas la pista de esquí más alta del mundo, y fue el Club Andino Boliviano el que construyó el camino y la casa que hicieron posible instalar la estación meteorológica en 1942 (hito 01).
El cierre del hito, y quizá del sitio entero. La montaña donde se instaló un actinómetro en 1942 para medir la radiación solar es la misma montaña cuyo glaciar desapareció en 2009, y es la misma montaña donde hoy se mide el dióxido de carbono de la atmósfera de fondo del planeta.
El instrumento y la evidencia están en el mismo lugar. El sitio registró el cambio climático y lo sufrió. Ningún otro argumento del expediente tiene esa forma, y ninguno es tan legible para un público no científico.
⚠ Hay que tratarlo sin oportunismo. No se trata de decir que Chacaltaya «predijo» nada. Se trata de un hecho comprobable: un punto de observación de ochenta años que documenta un cambio del que él mismo es prueba material.